LA REPUBLICA EN TERAPIA INTENSIVA.

Escrito por el 1 abril, 2019

Por Juan Balois Pardo

(Primera entrega)

La confabulación de políticos, periodistas, policías, espías y jueces para delinquir armando y desvirtuando causas pone a la Democracia Argentina al borde del abismo. 
Una de las figuras penales de mayor gravedad, y por lo panto con mayor peso punitivo en nuestro sistema penal, es la asociación ilícita, esta se configura cuando tres o más voluntades acuerdan cometer un delito, y quien probadamente haya actuado como jefe de la banda puede recibir la pena de reclusión perpetua.
Cuando en una asociación Ilícita participan personas integrantes del poder político, del periodismo y hasta de la policía, el golpe a la calidad republicana es de magnitud; cuando lo hacen también funcionarios del poder de Estado que debe impartir justicia, cuando los mismísimos Jueces son la pieza fundamental para la eficacia delictiva de la banda, el calibre de la herida infligida a la jerarquía institucional de la Nación tiene alto poder lacerante, pero, cuando además países poderosos del planeta son parte de la confabulación ejerciendo desde sus agencias de inteligencia actitud dominante sobre la banda, entonces, el corazón del sistema democrático está en emergencia, y en mi humilde opinión, nuestra Argentina está claramente en esta situación, y si me acompaña en esta serie de artículos vamos desarrollar cuatro casos emblemáticos que dan sustento contundente al diagnóstico que pone a su Estado de Derecho, a la Soberanía Nacional, en síntesis, a nuestra República Argentina, en Terapia Intensiva.
Al primero de los casos en orden cronológico me referiré brevemente ya que he abordado específicamente el hecho calificándolo de la mayor vergüenza nacional, el encubrimiento del encubrimiento sobre el atentado a la AMIA. . La causa que hace poco tiempo tuvo condenas insuficientes para pocos actores secundarios de la bochornosa asociación ilícita, de la que quedaron excluidos los más poderosos, entre ellos Menem y Bonadío, puso en evidencia la participación de la CIA, el MOZAD, la SIDE, Jueces Federales, altos funcionarios políticos, operadores periodísticos y hasta de referentes de la misma comunidad Israelí – Argentina.
Cabe recordar que la investigación inicial estaba orientada sobre la llamada pista Siria, ya que Menem, entonces musulmán por su origen Sirio libanés, habría incumplido un pacto con altos representantes de esa República Árabe quienes pretendían que al llegar el político riojano a la Presidencia Argentina les ceda conocimientos en materia nuclear, lo que lejos de concretarse, derivó en decisiones de Estado y personales totalmente contrarias, ya que el gobierno que ejerció Menem se caracterizó por las llamadas “Relaciones Carnales” con los Estados Unidos y cómo si eso fuera poco, el ex amigo de Al Ásad, se convirtió al catolicismo.
Originalmente los indicios fundaban las sospechas sobre la responsabilidad Siria por la presunta traición del entonces Presidente Argentino a sus interesados aportantes de campaña, pero luego la pista Siria fue abandonada y reemplazada por la Pista Iraní cuando el contexto político internacional, específicamente en cuanto a la dominación del medio oriente, convirtió a Irán en el principal enemigo de los Estados Unidos.
La poderosa alianza entre Israel y los E.E.U.U. se hizo notar a través de la injerencia de los servicios de inteligencia de ambos países en la Justicia Federal Argentina, concretada por intermediación de la S.I.D.E, para desvirtuar la causa y construir ficciones verosímiles que terminaron generando el encubrimiento que quedó demostrado en el juicio oral que dictó sentencia recién 25 años después de la explosión que costó la vida de 85 víctimas.
El segundo de los casos, sin apego al orden cronológico, ya que los casos centrales como ejemplos de la modalidad conspirativa serán la causa de la efedrina y la que recientemente derivó en la imputación y rebeldía del Fiscal Stornelli, es la muerte del fiscal Nisman.
Sobre el particular escribí hace casi tres años una serie de diez artículos que exponían la claridad de las evidencias criminalísticas concretas que indican que el denunciante de la entonces Presidente Cristina Fernández de Kirchner por encubrimiento y traición a la patria, causa que no prosperó, se autoinflingió el disparo que ocasionó su deceso.
Más allá del suicidio que Pablo Duggan detalla minuciosamente en su libro, el aspecto que nos ocupa en esta serie de artículos es la conspiración de políticos, espías, jueces y periodistas para armar causas que aporten simultáneamente a la conveniencia mutua de distintos intereses, en este caso a los de E.E.U.U. e Israel, en su búsqueda de acrecentar el prontuario de Irán como Estado Terrorista ,y a la vez, el interés de la oposición política nacional de entonces, la que con partícipes necesarios como Bonadío y Moldes, entre otros funcionarios de la Justicia Federal, periodistas y medios de comunicación serviles, como Lanata, Majul, Clarín, y muchos más, lograron instalar la sensación de culpabilidad de la ex Presidente en un asesinato que no existió.
Fundamental fue durante varios años la influencia de Jaime Stiuso sobre el fiscal de la embarrada causa AMIA, ambos, tanto el Fiscal como el espía , como quedó demostrado en el libro Argenleaks de Santiago O`Donnell, reportaban directamente a la Embajada del dominante país del norte.
La campaña mediática fue montada y orquestada entorno al guión de la Jueza Federal Arroyo Salgado, ex esposa de Nisman, madre de sus hijas y principal interesada en que la verdad sobre aspectos colaterales a la causa no trasciendan. Fue el falso magnicidio una contribución importante para que Macri obtenga una eximia diferencia a su favor en los sufragios de 2015 y se constituya en Presidente de la Nación, mandato que transcurridos más de tres cuartos de su gobierno se acerca a su final, y que en proximidad del nuevo proceso electoral, hace que los diseñadores de la próxima campaña proselitista del PRO, entre ellos Durán Barba y Peña, no dispongan de la mentira del suicidio, del encubrimiento a Iraníes, ni de la traición a la Patria, cómo herramienta proselitista que aporte desprestigio de su adversario político, ya que evidentemente, nada tiene de positivo la actual gestión nacional para exhibir como acción en beneficio del país ni de su pueblo.


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